Capítulo 1. Cuando no sabía que ya había empezado

Exploración y crónica de Ilania Astorga

Me voy. Otra vez.
Pero esta vez, no porque lo tenga claro, esta vez parto con más dudas que certezas.
Quería seguir con África. Tenía un plan ambicioso, pero se desmoronó. No por falta de ganas, sino por esas cosas que no dependen de una. Me quedé huérfana de destino y eso me frustra.
Y, como tantas veces, volví a la mesa de los viernes con mi papá. Entre comida y confesiones, ideas geniales que salían de las cabezas que tanto quiero, mi padre soltó una idea como quien no quiere la cosa:
“Ándate a navegar el Amazonas”.

Al principio me pareció absurdo. ¿El Amazonas? Pero mientras más lo pensaba, más fuerza tomaba. Recordé un viaje con él, hace muchos años, por el Casiquiare, Río Negro y Orinoco. No fue el típico viaje «inspirador». Casi no tomé fotos. Me mareé en una avioneta de la Segunda Guerra, recé para que se cayera, sin importar dejar a mis hermanos sin padre, vomité hasta el alma.
Pero, al recordar, entendí algo: no todos los viajes se ven bonitos. Algunos solo se sienten. Algunos te atraviesan, aunque no lo entiendas.

Así que aquí estoy.
Rastreando el origen del río más caudaloso del mundo.
Y resulta que el Amazonas no nace en la selva, sino en las alturas nevadas del Perú. Y no hay una sola fuente. Hay varias. Porque el Amazonas, como la vida, nace en muchos lugares a la vez.

Esta travesía empieza con una renuncia, con una conversación, con una foto borrosa de hace veinte años. Esta historia empieza con la imagen que parece una anaconda plateada vista desde un avión a los 25 años cuando, alumbrado por la luna llena, el amazonas se me mostraba en silencio, pero impresionante.
Esta travesía empieza… sin saber que ya había empezado.

1 thought on “Sangre Viajera: Amazonas con ojos de mujer I

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