Capítulo 4. El Río que hierve: cuando la selva susurra secretos que queman

Una travesía desde los Andes hasta el Atlántico: Exploración y crónica de Ilania Astorga

¿Un río que hierve? ¿Escuché bien? ¿A 700 kilómetros del volcán más cercano? Me despabilo mientras escucho un episodio del podcast “Misterios de la Amazonía” que encontré en YouTube. La idea es absurda. ¿Un río que puede hervir por sí solo? ¿En plena selva?

Estaba en mi pieza, con mapas, cuadernos y tazas de café por todas partes, planificando una de las aventuras más ambiciosas de mi vida: recorrer el Amazonas desde su origen hasta su desembocadura. Y fue ahí, entre datos, anécdotas y enigmas amazónicos, cuando escuché por primera vez sobre el Shanay-Timpishka, el mítico “río que hierve”.

La historia me atravesó como un dardo de fuego. Un río que alcanza más de 90°C, tan caliente que puede cocinarte vivo, y que no está cerca de ningún volcán activo. “No puede ser real”, pensé. Google… sí, existe. Supe que tenía que ir. ¡Y está en la ruta! Bueno, en vez de volar a Yurimaguas, tendré que hacerlo a Pucallpa, luego tomar un taxi, un bote, caminar por la selva, perder la señal… pero dentro de ciertos límites, se ajusta a la ruta. Hay algo poderoso en los lugares que no están hechos para el turismo masivo. Seguí investigando y llegué a la publicación de Andrés Ruzo, un joven geocientífico peruano-estadounidense. Al leerlo, me di cuenta de que a él lo asaltaron las mismas exclamaciones y dudas que a mí. Se obsesionó, como yo… pero mucho antes. Su fascinación lo llevó a estudiar el fenómeno a fondo y a hacerlo conocido en el mundo. Antes de él, este río era un secreto compartido solo entre ciertas comunidades locales, sanadores tradicionales y exploradores esporádicos. Para ellos, el río no es un fenómeno geológico, sino un espíritu vivo, una serpiente gigante que fluye bajo la tierra, trayendo energía caliente desde las entrañas del planeta. Fue su voz, científica, apasionada y respetuosa, la que encendió el interés global por el Timpishka.

Aquí comienza otra etapa: la que se puede navegar. La que respira con fuerza. Este es mi ingreso a la Amazonía. Mi presentación.

No vengo a conquistarla, a descubrirla ni a entenderla toda. Vengo a conocerla, a mostrar mis respetos, pero también vengo buscando un misterio: el Timpishka, el río hirviente.

Llegué tarde ese día: vuelo desde Los Andes a Pucallpa, taxi 4 x 4 a Honoria, Peque-peque por el Río Pachitea y caminar una media hora hasta el alojamiento, un rustico y mimetizado lugar en medio de la selva: Shanay-Timpishka EcoLodge. Larry me fue a esperar a la bajada del peque peque, prendimos las linternas, me puse la frontal y el me iba conversando… era la hora de los mosquitos. iba cargada con mi pesada mochila pero me tuve que poner mi polar (el que llevé a la alta montaña) para evitar las picaduras. Larry me hablaba y cada vez que contestaba me comía 10 mosquitos. Le dije, no puedo comer mas mosquitos, no me preguntes nada mas jajajajaj.

Sudada como mula, me llevaron a mi tambo, pero casi al llegar frenan bruscamente. Alcanzo a ver algo así como un guaren saltando…¡que es eso? pregunto, una araña, me responden… y pica fuerte asique no te acerques mucho. Mierda!

Me muestran la letrina, a unos 5 metros de mi tambo (donde esta mi cama con un mosquitero) y 15 metros mas allá, lavamanos y ducha, todo al aire libre. Estoy cansada, quiero ir al baño y después lavarme y acostarme para mañana ver si existe el famoso Río Hirviente. Salgo y justo abajo de la escala hay una tarántula del porte de la mano de un gigante… Mierda! Me controlo y le pido queme deje salir y con la luz de la linterna se mueve a la oscuridad bajo mi tambo… Mierda.

Llego a la letrina, abro la tapa del WC y está lleno de telas de arañas y me imagino todo lo que puede saltar de ahí dentro directo a mis nalgas. Mierda! Llego a lavarme y hay un sapo en el lavamanos es lindo, pero recuerdo que sapos lindos pueden ser venenosos… Mierda.

Esta es mi entrada a la selva, se muestra con ganas, me trata de espantar? avisar? preparar? no lo sé.

Necesito muchas pastillas para dormir, no se si estoy preparada para esto.

Despierto de madrugada, quiero saber pronto si esto vale la pena o agarro maletas y arranco. camino al Río, todavía el sol no aparece, pero si esta clarito. Avanzo, camino por la selva, ya no se ve tan temible como la noche anterior, con luz todo es mejor. Sigo, no se bien para donde voy, pero se que me acerco, se respira vapor, me empieza a tincar. Me grabo, Soy buena para hablarme al celular, es divertido porque después me gusta ver las caras que pongo, es pura honestidad. Voy llegando y mi cara se llena de pasión y felicidad! Si! existe! si! es increíble! siiiii! está caliente y esta rodeado de selva y hay vapor por todos lados y no me la creo! valió la pena! siiiii! mierda que si valió la pena! los mosquitos, la tarántula, la araña-guaren que salta por la selva, el sapo, todo!!! Es impactante! es hermoso, es mágico! aparecen los rayos del sol y solo se pone mejor! Que felicidad más grande! Quiero verlo todo, tomar mil fotos de todos los ángulos, con la cámara, celular, el dron, quiero videos, quiero todo, quiero que se quede para siempre en mi memoria.

Las rocas están tan calientes que parecen recién sacadas del fuego, y el agua borbotea como si mil calderos escondidos latieran bajo el suelo. Estoy en el punto más caliente del Río, unos kilómetros más arriba, en Mayantuyacu, aquí de caerse al rio te mueres, aquí nace, emerge desde algún lugar de las profundidades de la tierra, cristalino, si se puede, más hermoso. La ciencia ha intentado explicarlo: afirman que el agua se calienta por un fenómeno hidrotermal profundo, que el calor sube a través de fallas geológicas, buscan pistan en los componentes del agua, pero resulta ser pura, más limpia que la de Evian. Continúan yendo grupos de científicos a estudiar el agua, las plantas, fauna, pistas y explicaciones. Pero la verdad, es que no le quita ni un gramo de magia.

Me senté maravillada entre el vapor, sintiendo el suelo vibrar. La selva te mira. El río te prueba. Y tú decides si estás a la altura.

Yo, con toda mi formación científica, me quedo en silencio. Porque aquí, explicar no alcanza.
Frente al Shanay-Timpishka, no se teoriza. Se honra.

Aquí, donde el agua quema en medio de la humedad infinita, descubro que la Amazonía no es solo verde. También es fuego. Y que el misterio, cuando arde… no se toca, se respeta.

Oración final

Camino suave, miro, me dejo mirar.
Estoy aquí, selva, con humildad.
Sé que eres vasta, compleja y peligrosa.
Pero también mágica.
Y aunque me sobrecojan tus fuerzas, quiero aprender de ti.
Aprender a ver. A sentir.

Quiero conocerte antes de que corten tus bosques,
antes de que represas mutilen tus ríos,
antes de que desaparezcan tus peces, tus animales, tus pueblos.

Siento que se me acaba el tiempo.
Los seres humanos avanzamos muy rápido, invadimos todo, cambiamos, destruimos.
A veces por ignorancia, a veces por ambición, y otras por pura maldad.

Vengo con la urgencia de quien sabe que el tiempo apremia.
Y con el deseo profundo de mostrar para enseñar.
Enseñar para que te quieran.
Y que al quererte… te cuiden.

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